Pueblos Blancos

Los pueblos blancos deben su nombre a la costumbre de sus habitantes de encalar frecuentemente las fachadas de las casas. La elección del color blanco en la arquitectura popular responde a la necesidad de proteger las viviendas de las altas temperaturas, manteniendo así a éstas a salvo de muchas horas de sol anuales.

Los pueblos sureños de la región extremeña cuentan con una arquitectura popular (las también denominadas viviendas del llano) caracterizada por sus casas bajas, construcciones de tipo horizontal con muros de adobes o ladrillos, que protegen del calor a sus callejuelas y al caminante que se aventura en ellas.

En estos pueblos de la baja Extremadura, sólo hitos urbanos tales como torres parroquiales contrastan y destacan sobre los caseríos de rojos tejados y blancas paredes.

“Los pueblos son un producto de la tierra. Se construye siempre la unidad de habitación y sus dependencias con materiales del país y según modos tradicionales, y lo hacen generalmente los mismos campesinos (...). Pero el pueblo es también un producto de la estructura social: (...) Mediante una observación atenta se puede descubrir en la fisonomía del pueblo, la estructura de la sociedad rural. El pueblo en que todas las casas tienen un parecido común, donde las condiciones económicas y sociales de todos los habitantes son semejantes (...) se distingue fácilmente del pueblo heterogéneo, donde se yuxtaponen las granjas de los dueños de la tierra y las casas de los jornaleros (...)”.

Pierre George